La vida erótica en la vejez

La sexualidad, la erótica y la amatoria en la vejez están siendo objeto de mucho interés en la actualidad, aunque históricamente han estado cargadas de mitos y prejuicios. Evidentemente, en esta etapa se producen una serie de cambios físicos: el cuerpo es menos ágil, la vista y el oído menos agudos, el aspecto físico varía considerablemente (el cabello escasea, o se vuelve canoso, hay más tendencia a engordar, son inevitables las arrugas) y las enfermedades se hacen más frecuentes, así como las dolencias crónicas. Hay que tener en cuenta, no obstante, que los cambios físicos producto de la vejez varían mucho de una persona a otra.
Pero los cambios fundamentales que se producen en la visión que las personas mayores tienen de sí mismas, y en su comportamiento, no son un producto de sus cambios físicos, sino del rol social que se les impone. En nuestra cultura los ancianos y las ancianas son percibidos de forma negativa, y nuestras ideas sobre la vejez están llenas de mitos y prejuicios. Parte de esta concepción tan negativa de la vejez proviene de la idealización de la juventud que se realiza en nuestra sociedad (por ejemplo, en los medios de comunicación), donde se ensalzan las características de los adolescentes y los adultos y adultas jóvenes.
Es frecuente considerar a los ancianos y las ancianas como seres ‘asexuados’, especialmente en el caso de la mujer. Una vez más nos encontramos con que socialmente la vida erótica es equiparada a la vida reproductiva y, por tanto, limitada y empobrecida. Sin embargo, también en la vejez es posible tener una vida erótica plena y satisfactoria.
Es cierto que hay cambios físicos que influyen en la erótica de la vejez: En la mujer, generalmente la vagina se vuelve menos elástica, hay mayores dificultades para lubricar, y el ritmo de la fase de excitación disminuye. En el hombre, generalmente varían las erecciones de forma que puede hacerse más lenta la fase de excitación y con ella la erección (que también se puede volver menos firme), y puede disminuir la sensibilidad en el pene y la necesidad física de eyacular.
En cualquier caso, el mayor órgano erótico es el cerebro: si estamos convencidos de que nuestra vida erótica y, principalmente, nuestras relaciones genitales se acaban con la vejez, pues esa parte de nuestra vida erótica se acabará con la vejez. Sin embargo, si pensamos que la sexualidad puede aportar felicidad toda la vida, es más probable que encontremos en cada etapa formas de expresión de esa sexualidad que nos hagan felices y nos satisfagan. Cabe destacar también en esta etapa de la vida existen una serie de factores que suponen una ventaja con respecto a otras etapas, y que hacen que muchas ancianas y ancianos puedan vivir su sexualidad con más plenitud que en épocas anteriores:
Ventajas de la sexualidad en la vejez
En ocasiones, la llegada de la menopausia supone una liberación para muchas mujeres de la preocupación de un embarazo no deseado, lo que puede influir positivamente en su vida erótica, especialmente en lo tocante al coito.
El establecimiento de una relación de pareja íntima y positiva, a veces con años de convivencia, buenas relaciones y confianza, puede traducirse en una mayor desinhibición en las relaciones eróticas, y mayor capacidad para comunicar gustos y necesidades.
También es posible que los años de relación hayan posibilitado que la pareja cree sus propias formas de expresión erótica (hayan inventado caricias, formas de tocarse o besarse, palabras, ritos o juegos específicos) de los que ambos disfruten. También es posible que hayan aprendido a complacerse mutuamente, conozcan el cuerpo de la otra persona, y hayan descubierto formas de encuentro erótico satisfactorias. Si el coito no se desea o no es posible, las parejas de larga duración a veces han encontrado otras formas de relación que los satisfacen y los hacen felices.
La vejez es una etapa idónea para practicar las caricias y ampliar el abanico de artes eróticas al existir más tiempo disponible y, en el caso de muchas parejas cuyas hijas e hijos han abandonado el hogar, también más intimidad.
Al hacerse más lenta la fase de excitación de la respuesta genital masculina y retrasarse la eyaculación, suele existir una menor prisa y presión por llegar al orgasmo y, por ello, muchas parejas de ancianos dedican más tiempo a las relaciones, ya sea de caricias, genitales, o de coito. Para algunas personas, es la etapa en la que se dedica más tiempo y cuidados a ‘hacer el amor’.
En cualquier caso, cada etapa del desarrollo de la erótica y la amatoria humana va a estar enormemente determinada por la información y la educación que se reciba y por la interiorización de ideas, creencias y expectativas, con respecto a la sexualidad, que posteriormente condicionarán nuestras experiencias al respecto. Aquellas personas que asuman que la sexualidad sólo acaba con la muerte, tendrán más oportunidades de disfrutarla en esta etapa de la vida.- Lic. Ricardo Iacub

Empiece a hacer ejercicio y no busque más la excusa de la falta de tiempo

Las enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares constituyen la primera causa de muerte en el mundo. En los países en desarrollo, donde se producen el 80% de los fallecimientos relacionados con estas patologías, la población se ha sumado masivamente a la comida chatarra, al sedentarismo y sufre cargas de estrés que superan su capacidad de manejarlo. La enfermedad coronaria avanza y amenaza con convertirse en una epidemia, ocasionando "un grave impacto"
En los países desarrollados, a pesar de que se ha logrado una cierta "estabilización", las perspectivas tampoco son halagüeñas: "La obesidad, la hipertensión y el tabaquismo siguen engrosando las cifras del daño cardiovascular, y su abordaje es cada vez más complejo y más caro porque cada vez hay más pacientes coronarios ancianos, más frágiles y con otras patologías asociadas a la edad".
PREVENCIÓN UN ARMA PODEROSA: "La enfermedad cardiovascular ha sido durante muchos años ignorada por Gobiernos, dirigentes políticos y agencias de salud. Este error debe corregirse urgentemente". Esta enfermedad "es fundamentalmente adquirida, y por ello está en gran medida en nuestras manos el poder evitarla modificando nuestros hábitos".
Fuster destaca el componente científico de la prevención: "Es un error abordar la obesidad como si se tratara de un pecado personal, ya que es una enfermedad propia de la sociedad de consumo en la que intervienen muchos factores, como el componente genético o el estrés.
Los científicos deben descifrar los mecanismos genéticos y celulares que intervienen en la aparición de la obesidad. Por ejemplo, hemos visto que cuando se acumula grasa en el abdomen se desencadena un proceso de defensa en el que entran en acción unas células que intentan sacar la grasa, y en este proceso liberan unos productos tóxicos que generan diabetes, hipertensión y reducen el colesterol bueno". "Con esto quiero resaltar que todo lo que nos sucede, incluso cuando estamos hablando de factores de riesgo como la obesidad, es algo muy científico. Yo creo mucho en la medicina científica denominada traslacional, que consiste en intentar explicar un problema de salud desde un nivel muy básico, descifrando los mecanismos celulares genéticos que operan en él".
NO SANCIONAR PERO SI REGULAR: Penalizar es un error, hay que regular en sentido positivo: "Cuando a mi consulta acude un paciente fumador o muy obeso, lo último que se me ocurre es juzgarle por ello. Mi primera reacción es de intentar entenderle. Hay muchas estrategias para abordar su problema. La fundamental es que uno convierta su salud en una prioridad".
Prevención en la infancia: Pese a la insistente presión del consumismo desenfrenado que incita a los hábitos poco saludables, no hay que dar por vencida de antemano la batalla de la educación en la etapa infantil. "En la edad en la que ya captan los mensajes es importante transmitir a los niños la importancia de la prevención, porque esto puede tener enormes repercusiones para la sociedad.
En esto estamos trabajando desde la Federación Mundial del Corazón". "¿Cuántas veces a usted le han repetido algo mil veces y llega un día en que se dice: 'Ahora es el momento de hacer caso?'. Los niños captan los mensajes desde un principio, ésta es la diferencia".- Consejos para el día a díaUna vez has decidido que quieres tener buena salud, ponerlo en práctica no es difícil. La toma de conciencia ya representa haber logrado un 50% del objetivo. Y es importante añadir que nunca es tarde para empezar a cuidarse, como tampoco nunca es demasiado pronto. Los consejos del doctor pueden resumirse así: "Empieza a hacer ejercicio y no busques la excusa de la falta de tiempo: media hora al día basta para realizar cualquier actividad física que a uno le guste. Para evitar la obesidad, lo más importante es comer menos. Si te sirven demasiada comida, deja una parte, y en lugar de servirte un plato grande y otro pequeño, opta por dos pequeños. Lo que no debe hacerse es cada día estar pensando en lo que has de tomar y lo que no.
El tabaco hay que dejarlo. Si que resulta difícil, pero hay que planificar estrategias, una de ellas es dejar de fumar uno cada mes. Es una fórmula que hemos visto que funciona.
La tensión arterial es importante que no se superen los valores de 130 de máxima y 90 de mínima (valores expresados en milímetros de mercurio)".-
Terapia celular: El camino más interesante en el momento presente consiste en la estimulación mediante fármacos de la médula ósea del propio paciente. Éste es un campo que necesita todavía mucha más investigación básica antes de abordar terapéuticamente.
La polipíldora: La denominada polipíldora contra el infarto de miocardio, en la que se está investigando, podría ser una realidad en 2010. Concentrará en una sola pastilla varios fármacos (aspirina, un protector del músculo cardiaco y un corrector de lípidos), lo que facilitará el seguimiento terapéutico (muchos enfermos plurimedicados lo abandonan o no lo siguen correctamente) y abaratará el coste de la terapia, con lo que estará al alcance de los países más pobres. Comenzará a comercializarse como experiencia piloto en China, India y España.
Seis trucos para un buen control: A la enfermedad cardiovascular se la conoce como la asesina silenciosa. Es el desenlace final de los ataques a los que se ve expuesto el cuerpo humano desde múltiples frentes: el colesterol, el tabaco, la grasa abdominal... o incluso la contaminación atmosférica. Llega un momento en que el corazón claudica, a menudo sin previo aviso. ¿Hay que controlar periódicamente el riesgo de fallo cardiaco?. A partir de los 20 años se deben empezar a medir la presión arterial, el azúcar y el colesterol.
"Daré seis trucos para llevar un buen control: los dos primeros son controles muy mecánicos: la presión arterial y la obesidad, en concreto la abdominal. Luego hay otras dos pruebas de la sangre, las que miden la glucosa y los lípidos, y luego son dos reflexiones que uno mismo debe hacerse: '¿Hago ejercicio? ¿Fumo?"
Además algunos consejos para reconocer un infarto y saber cuándo acudir al hospital: "En la mayoría de los casos empieza con un dolor en el pecho que uno puede identificar como preocupante si no lo ha tenido antes. Este dolor puede que se acompañe de náusea o un sudor. Rápidamente hay que ponerse en contacto con la entidad médica. Es fundamental la rapidez, porque cada minuto cuenta. No hay que tener miedo de pecar de excesiva confianza en la propia salud: es mejor ir al hospital y que allí te digan que no es nada, que no haber llegado a tiempo".
Dr. Valentín Fuster

El trabajo y la educación podrían proteger contra la demencia

Según un estudio, la reserva cognitiva compensa el daño cerebral.

Tener un mayor nivel de educación y un trabajo mentalmente exigente puede ayudar a proteger contra la pérdida de memoria que precede a la enfermedad de Alzheimer, según un estudio italiano.

En él participaron 242 personas que sufrían de Alzheimer, 72 que sufrían trastorno cognitivo leve y 144 sin problemas de memoria. Las personas con trastorno cognitivo leve tiene problemas de memoria superiores a lo normal para su edad, pero no los graves problemas de memoria relacionados con la enfermedad de Alzheimer.
Se evaluaron la memoria y capacidades cognitivas de los participantes y se escanearon sus cerebros para buscar cambios y daño. Luego, se les dio seguimiento por un promedio de catorce meses durante los cuales 21 de los que tenían trastorno cognitivo leve desarrollaron Alzheimer.

Entre las personas con el mismo nivel de trastorno de memoria, las que tenían más educación y trabajos más mentalmente exigentes presentaban significativamente menos cambios y daños cerebrales que las que tenían menos educación y profesiones menos mentalmente exigentes.

Esto sucedió así tanto entre las que tenían Alzheimer como entre las que tenían trastorno cognitivo leve que desarrollaron Alzheimer, lo que sugiere que la reserva cognitiva ya está en efecto durante el trastorno cognitivo leve que precede al Alzheimer.

"La teoría es que la educación y los trabajos exigentes crean una protección contra los efectos de la demencia en el cerebro o una reserva cognitiva", apuntó en un comunicado de prensa de la American Academy of Neurology la autora del estudio, la Dra. Valentina Garibotto, de la Universidad e Instituto científico San Raffaele y del Instituto nacional de neurociencia de Milán.

"Sus cerebros son capaces de compensar el daño y permitirles continuar funcionando a pesar del daño. Hay dos explicaciones potenciales. El cerebro podría hacerse más fuerte a través de la educación y los desafíos laborales. O los factores genéticos que permitieron a la gente alcanzar una mayor educación y logro laboral podrían determinar la cantidad de reserva cerebral. No es posible determinar qué explica nuestros hallazgos", enfatizó Garibotto.

(FUENTE: American Academy of Neurology)

Ejercicio físico: la polipíldora natural

Ejercicio físico regular, una polipíldora natural.

EJERCICIO FÍSICO REGULAR: Hasta hace pocos años, se pensaba que solo el ejercicio enérgico brindaba beneficios para la salud, pero en los últimos años, numerosos estudios han documentado y demostrado que la caminata activa ofrece los mismos buenos efectos que ejercicios más intensos como trotar o correr. La caminata activa comprende aquella en la cual la persona realiza entre 100 y 120 pasos por minuto. Las últimas recomendaciones indican que hay que realizar esta caminata durante MINIMO 30 pero deseable 45 a 60 minutos por lo menos 5 veces a la semana. Caminar es gratis, seguro y efectivo, no se necesitan habilidades especiales, tiene bajo riesgo de lesiones y ofrece grandes beneficios para la salud de nuestro corazón, nuestras arterias y nuestro endotelio. La realización de actividad física ha tomado tal dimensión que se la conoce como la Polipíldora natural. El ejercicio físico regular ayuda a reducir el exceso de peso con todo lo que ello implica en la reducción del riesgo cardiovascular. Ayuda a controlar la presión arterial, (junto a una dieta pobre en sal). Produce una disminución del colesterol malo y es de las pocas cosas que consigue aumentar el HDL o colesterol bueno. El ejercicio físico también mejora la forma en que nuestro organismo metaboliza el azucar al aumentar la sensibilidad del receptor a la insulina, con lo que ayuda a prevenir y a controlar tanto la diabetes, como la resistencia a la insulina y el hiperinsulinismo. La actividad física tiene por lo tanto efectos antiarterioescleróticos, estabilizadores de la presión arterial, sobre el control de la obesidad y el sobrepeso y antiinflamatorios. Estos poderosos efectos benéficos de la simple actividad física no deberían significar una simple lectura sino que deberían contriubir a generar una muy firme convicción sobre la importancia de la actividad física. La actividad física genera la síntesis de sustancias antiinflamatorias, así como también la síntesis de sustancias protectoras y reparadoras del organismo. El ejercicio tiene también efectos antitrombóticos, disminuyendo la adherencia plaquetaria, disminuyen el fibrinógeno y disminuyendo la viscosidad sanguinea. El ejercicio tiene también efectos antiisquémicos, disminuyendo la demanda de oxígeno miocardico y aumentando el flujo coronario. La caminata puede no gustar al inicio pero luego de practicarse durante dos o tres semanas, la persona comienza a sentir un placer por la liberación de endorfinas que son muy beneficiosas para el organismo, esto se acompaña de una reducción del estrés, una disminución de la ansiedad, y un aumento de la confianza en la persona, todo lo cual redunda también en beneficio cardiovascular. Por todo lo expuesto la actividad física debe ser considerada como la "polipíldora natural". El problema está en que la mayoría de la población subestima los efectos protectores de la actividad física y por otra parte hiperjerarquiza la importancia de los medicamentos. Quienes tienen esta tendencia a pensarlo así, deben saber que "ejercicio es medicamento", y así debería ser tomado, como se toman todos los medicamentos, es decir diariamente y al igual que los medicamentos cardiovasculoprotectores no deben suspenderse cuando la persona se siente bien. Todos los médicos deberíamos prescribir en un receta médica: "Ejercicio físico regular, 50 a 60 minutos diarios durante 5 veces a la semana" Esta medida es muy importante y ayuda a que el paciente capte la importancia del ejercicio, ya que existe un tendencia marcada en sobreestimar los efectos de los medicamentos y de subestimar la importancia del ejercicio como pilar de la mayoría de los tratamientos cardiovasculares y más aún de la prevención de las enfermedades cardiovasculometabólicas. Por último la importancia del ejercicio es tal que en la escala de personas que enferman, quienes menos lo hacen son las personas "delgadas y activas". Luego lo hacen las personas "gorditas y activas". Luego lo hacen las personas "delgadas y sedentarias" y por último quienes más enferman son las personas "gorditas y sedentarias". De ahí surge la frase de que: "más vale ser gordito y activo, que flaco y sedentario".
Dr. Jorge de Paula

Identifican un marcador que podría predecir la capacidad de diseminación de distintos cánceres

Una molécula de naturaleza lipídica podría ser muy relevante a la hora de conocer el poder de diseminación dentro del organismo de las células del cáncer de próstata y de otros tumores de elevada incidencia en humanos.
Así lo revela un trabajo realizado por investigadores del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata de la Universidad Nacional de La Plata –Conicet.
Los resultados fueron publicados en la revista científica Lipids. A fin de realizar diagnósticos lo más precisos posibles y definir, dependiendo del caso, el tratamiento indicado para distintas formas de cáncer, desde hace décadas se han venido desarrollando estrategias para detectar cambios moleculares en las células y emplearlos como indicadores tempranos de la existencia de procesos neoplásicos.“Es en el genoma en donde radican los cambios primarios –producto de la interacción con el ambiente- que llevan al crecimiento descontrolado de una estirpe celular. Estas alteraciones genómicas se traducen a su vez en modificaciones de la expresión de productos metabólicos, inicialmente proteínas y luego hidratos de carbono, lípidos y otros elementos”, afirma el doctor Carlos Marra, investigador independiente del Conicet y del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata (INIBIOLP).
Carlos Marra, quien también se desempeña como profesor adjunto en la cátedra de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de La Plata, junto a un equipo de colegas del INIBIOLP, comprobó que el análisis de un tipo de molécula lipídica llamada éter-lípido de fosfatidiletanolamina en muestras de tejidos es un marcador sensible, específico y confiable, no sólo para determinar si un tumor es maligno o benigno, sino también para determinar la capacidad de un cáncer para producir metástasis.
Los resultados del trabajo fueron publicados en la revista científica Lipids.Si bien desde hace muchos años, los análisis convencionales se centraron en la detección de determinadas sustancias proteicas para confirmar -o no- la presencia de tumores y de su poder metastático, los autores del trabajo consideran que los lípidos tienen mucho que decir al respecto.Lípidos como bioindicadores.Marra y sus colegas pusieron su atención en los lípidos a partir de investigaciones previas que habían revelado que todos los cánceres o tumores malignos presentan elevados niveles de ácido oleico en sus moléculas lipídicas. “El ácido oleico es un componente normal de los lípidos celulares, pero durante el proceso de malignización su concentración aumenta progresivamente situándose por encima de los niveles habituales”, señala el experto.
El trabajo de los investigadores del INIBIOLP consistió en el análisis de tumores de mama, pulmón y próstata provenientes de 677 muestras obtenidas mediante microbiopsias en las cuales una parte de la muestra constituía el tejido tumoral en sí, y la otra correspondía a tejido sano circundante a la lesión.“Estas muestras se analizaron en forma convencional por métodos histopatológicos para determinar con precisión el tipo de cáncer en cuestión, y por otro lado, se hicieron las determinaciones bioquímicas de contenido de ácido oleico en los diferentes fosfolípidos extraídos de ambos tejidos, tanto normal como tumoral”, indica Marra. Y continua: “Los métodos histopatológicos convencionales se utilizan para la clasificación inicial de la lesión, pero se requieren estudios posteriores para determinar su grado de malignidad real y su capacidad para colonizar tejidos remotos”.
Además de dichos estudios, a cada paciente se le tomó una muestra de sangre para medir en el plasma varios marcadores tumorales de los usualmente empleados en la práctica clínica (todos de naturaleza proteica) con el fin de comparar la sensibilidad y la especificidad de estos métodos clásicos con el nuevo marcador lipídico.“De los análisis efectuados se calculó un índice obtenido por cociente entre el contenido de ácido oleico del tejido sano y el del tejido canceroso del mismo paciente que se expresó como porcentaje de cambio. El principal hallazgo de esta investigación fue descubrir que este marcador lipídico fue mucho más sensible, específico y confiable que cualquiera de los marcadores tumorales convencionales considerados individualmente o combinados. Esta conclusión se desprende de los análisis estadísticos de acierto o predicción que tuvieron ambas baterías de resultados, es decir entre los marcadores clásicos y el marcador lipídico.Pero a su vez, las mediciones de los niveles de ácido oleico en esta subfracción lipídica en particular demostraron tener una correlación lineal con la capacidad de un tumor para producir metástasis, lo que a juicio de Marra, “constituye una herramienta de relevante valor para el pronóstico de la enfermedad y para el diseño de estrategias terapéuticas, pues se contaría con un evaluador del riesgo-beneficio a la hora de diseñar el protocolo con quimioterápicos, radioterapia, u otras medidas para su tratamiento”.“Sería interesante que estos resultados se ratificaran mediante su implementación a gran escala en la práctica clínica, pero esto requeriría en primera instancia del equipamiento y del entrenamiento del personal de laboratorio para poder cumplir con estos fines”, afirma el especialista.Por otra parte, Marra destaca la necesidad de afianzar la cooperación entre el sistema médico y la comunidad científica para avanzar en la lucha contra el cáncer. “En general, resulta complicado obtener muestras de procedencia humana para realizar este tipo de investigaciones.
En este sentido sería importante concientizar tanto a los médicos como a los pacientes para que colaboren en proyectos de investigación que involucren muestras de origen humano”. FUENTE: Agencia CyTA – Instituto Leloir

Estudio revela que la mayoría de adultos mayores se sienten más jóvenes

Esa es una de las conclusiones de un estudio que será publicado en la próxima edición de la revista Journals of Gerontology: Psychological Science. Los investigadores analizaron las respuestas de 516 hombres y mujeres de 70 años y mayores que participaron en el Estudio sobre el Envejecimiento en Berlín, que siguió las maneras en que cambiaron sus percepciones acerca de la edad y su satisfacción con el envejecimiento a lo largo de seis ańos.

"La gente en general se sintió más joven de lo que realmente eran, y también mostraron niveles relativamente altos de satisfacción con el envejecimiento durante el período de tiempo estudiado", dijo Jacqui Smith, psicóloga de Instituto de Investigación Social (ISR, por sus siglas en Inglés) de la Universidad de Michigan. Smith realizó el estudio con colegas Anna Kleinspehn-Ammerlahn y Dana-Gruehn Kotter del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín.

"Examinamos los cambios a lo largo del tiempo, y esperábamos que la brecha fuera en aumento. Sin embargo, nos sorprendió encontrar que en promedio, se mantuvo. Sentirse alrededor de 13 ańos más joven es una ilusión positiva en la vejez".

Smith y sus colegas descubrieron que algunos de los participantes de más edad se sienten incluso más jóvenes a lo largo del tiempo. Sin embargo, la mala salud redujo la brecha entre la edad percibida y la edad real.

Los investigadores también evaluaron cómo las personas percibían su propia imagen física preguntándoles: "¿De cuántos ańos te sientes cuando te miras en un espejo?" Ellos respondieron basándose en una escala de edad que iba desde 0 a 120 ańos. En general, al inicio del estudio los participantes expresaron que sentían se veían unos 10 ańos más jovenes que su edad real. Al final del estudio, esta diferencia se redujo, y los participantes expresaron que se veían solamente siete anos menores que su edad cronológica.

En general, las mujeres perciben su imagen más cercana a su edad real, señaló Smith. "Las mujeres se vieron a sí mismas alrededor de cuatro ańos mayores que los varones", dijo. "Hay varias razones probables por esta diferencia en la brecha entre géneros en la edad subjetiva. Una de ellas es que las mujeres pueden tener más conciencia de su apariencia que los hombres, sobre todo teniendo en cuenta los estereotipos negativos sobre los cuerpos de personas mayores".

Para evaluar la satisfacción con el envejecimiento, los investigadores preguntaron a los participantes en qué medida estaban de acuerdo con estas cinco afirmaciones: "Las cosas empeoran a medida que nos hacemos mayores"; "Tengo tanta chispa como en el ano pasado;" "Entre más anciano/a, me soy menos útil "; "Mientras aumenta mi edad, las cosas son mejores de lo que yo pensaba que sería "; " Soy más feliz ahora de lo que era cuando joven ".

Inicialmente, los hombres se mostraron más satisfechos que las mujeres con su propio envejecimiento. Pero en el transcurso de los seis anos estudiados, la satisfacción de los hombres disminuyó más que las mujeres. La mala salud aumentó este modelo, señaló Smith.

Según Smith, evaluar los cambios sobre la forma en que las personas sienten sobre el proceso de envejecimiento durante la vejez puede proporcionar indicadores importantes acerca de la resistencia y la vitalidad de las personas. En una investigación que aún no se ha publicado basada en el Estudio sobre el Envejecimiento en Berlín, ella y sus colegas encontraron que las personas que se sienten más jóvenes tienen menos probabilidades de morir que aquellos que no, aunque tengan una edad cronológica y salud física equivalentes.

"Sentir positivamente el proceso de envejecimiento puede estar vinculado a mantenerse activo y tener una mejor salud durante la vejez" dijo. "Por lo tanto, los estudios sobre la auto percepción sobre el envejecimiento pueden contribuir a nuestra comprensión sobre indicadores potenciales de resistencia en los adultos mayores y el envejecimiento ".Por Michigan ANN ARBOR - Fuente www.umich.edu/Es/

Tecnología de la NASA puede evitar las caídas de los ancianos

Se trata de la suela del zapato ''iShoe'' el cual contiene sensores que detectan el equilibrio del que lo usa.

Los científicos que trabajan para ayudar a los astronautas a recuperar el equilibrio después de viajes prolongados en situación de ingravidez dicen haber hallado un modo de aplicar sus investigaciones para ayudar a los ancianos a evitar caídas catastróficas.
La suela del zapato ''iShoe'' contiene sensores que detectan el equilibrio del que lo usa. La idea es recopilar información para los médicos y hacer que la gente vaya al especialista antes de llegar a caerse.
Erez Lieberman, un estudiante avanzado que desarrolló la tecnología mientras trabajaba como interno en la NASA, dice que una caída devastadora es precedida por numerosas advertencias, de modo similar a cómo el colesterol elevado y la hipertensión sanguínea anticipan un ataque cardíaco.
''Uno va perdiendo cada vez más el equilibrio'', dijo Lieberman, que estudia en un programa conjunto de ciencias de la salud y tecnología de Harvard y del Instituto de Tecnología de Masachusetts. ``Si sabes que el problema está presente, puedes empezar a atacarlo''.
La Fundación Nacional de Osteoporosis calcula que 300,000 personas por año sufren fracturas de cadera, que suelen ser causadas por caídas. Un promedio de 24 por ciento de dichos pacientes de 50 años o más mueren al año a causa de la fractura. Muchas víctimas de caídas que sobreviven después del año quedan incapacitadas por el resto de sus vidas.
''Es un asunto importante'', dijo Elinor Ginzler de la organización de jubilados AARP. ``Reduce significativamente la capacidad de mantenerse independiente, que es lo que la gente desea''.
Lieberman tuvo la idea del iShoe mientras trabajaba en la NASA el año pasado en un proyecto para ayudar a los astronautas a recobrar el equilibrio después de meses en estado de ingravidez. El trabajo es parte de los preparativos para misiones espaciales prolongadas, como futuros viajes a Marte.
A Lieberman se le ocurrió que la investigación podía tener aplicaciones terráqueas.
El y Katharine Forth, una científica visitante de la NASA que también trabaja en el iShoe, han sentido en carne propia el problema de las caídas en los ancianos. Los dos tuvieron abuelas cuya salud se deterioró rápidamente después de una caída.
''Era algo que yo tenía en mente, y una vez que empecé a estudiar el equilibrio se me hizo evidente que podía tener aplicaciones en esa dirección'', comentó Lieberman.-

Científicos descubren proteína que puede revertir el envejecimiento

El envejecimiento podría ser un caso de negligencia a nivel celular. Científicos encuentran una proteína multifuncional llamada SIRT1 que podría ser realidad la posibilidad de ser “eternamente joven”

El envejecimiento podría ser un caso de negligencia a nivel celular, como un propietario de casa ausente que permite que la actividad genética se descomponga, según un estudio recientemente publicado.
En experimentos con células madre embrionarias de ratón, investigadores de la Escuela de Medicina de Harvard encontraron que una proteína multifuncional llamada SIRT1, que normalmente actúa como un guardián del genoma, a veces es "solicitada" para reparar ADN dañado y esa actividad aumenta con la edad.
Cuando la proteína abandona su puesto normal para trabajar como "milusos" genético, el orden se derrumba. Genes inactivos que están normalmente bajo su cuidadosa vigilancia empiezan a encenderse.
Saber cómo sucede esto podría abrir la posibilidad de detener o frenar el proceso, indicó David Sinclair, biólogo de Harvard y principal autor del ensayo.
"Lo que este trabajo de hecho implica es que algunos aspectos del envejecimiento podrían ser reversibles", explicó Sinclair. "Suena descabellado, pero en principio debería ser posible restaurar el conjunto de genes de la juventud".
Lo que aún no está claro es qué importancia tiene realmente el hecho de poseer la expresión genética de la juventud.
Científicos no involucrados con el estudio destacaron que no se sabe si mantener joven la expresión genética es la clave para que una persona se mantenga efectivamente joven.
"El ensayo señala que podría mantener o regresar a un perfil genético más joven, ¿pero significa eso que uno será más joven?", indicó el doctor Stephen Helfand, profesor de biología molecular de la Universidad Brown. "Quizá una vez atravesado ese umbral, ya no se puede regresar".
El estudio, publicado en la revista Cell, es sólo el más reciente en centrar la atención en las sirtuinas, una clase de proteínas involucradas en el proceso de envejecimiento, que han sido estudiadas para crear medicinas basadas en ellas por una compañía cofundada por Synclair, Sirtris Pharmaceuticals.
En la última década, las sirtuinas han sido catapultadas a la fama por el papel que juegan en el envejecimiento de la levadura. Varios estudios han documentado su papel en la salud y el periodo de vida de muchos organismos.
Un químico presente en el vino tinto, llamado resveratrol, y compuestos que inciden en las sirtuinas, están siendo analizados como potenciales medicamentos contra males que van del cáncer a la diabetes.
Para entender la doble tarea de la SIRT1 en las células, investigadores provocaron daños en células madre embrionarias de ratones para simular los efectos del envejecimiento. Detectaron que cuando la SIRT1 estaba ocupada haciendo reparaciones, los genes que había mantenido silenciosos se activaban.-

Comer menos durante la vejez aumenta la memoria

El estudio fue anteriormente realizado con animales. Científicos alemanes esperan conseguir con el tiempo más descubrimientos.
Ingerir menos calorías durante la vejez puede aumentar la memoria, informó un portavoz de la Universidad de Münster.

BERLÍN, ALEMANIA.- Investigadores de la Universidad de Münster (al oeste de Alemania) han descubierto, a partir del primer estudio realizado con personas sobre este tema, que ingerir menos calorías durante la vejez puede aumentar la memoria, según informó hoy un portavoz del centro académico.
Aumentar la ingesta de ácidos grasos no saturados no implica, en contra de investigaciones previas con ratas, una mejora de la capacidad memorística, afirma la científica alemana Agnes Flöel.
Para llevar a cabo su estudio, los investigadores eligieron a 50 personas, con edades en torno a los 60 años, y las dividieron en tres grupos.
El primer grupo redujo su consumo diario de calorías en torno a un treinta por ciento; el segundo aumentó la ingesta de calorías y ácidos grasos no saturados alrededor de un veinte por ciento -tomando, por ejemplo, aceite de oliva y pescado-; y el tercero, el empleado como grupo de control, no modificó su alimentación.
Tres meses después se sometió a los sujetos a una prueba de memoria siguiendo un procedimiento estandarizado, que consiste en observar detenidamente una lista de palabras durante trece minutos y, tras ese lapso, ver cuántas son capaces de recordar.
Tan sólo las personas del grupo que había seguido la dieta habían mejorado su memoria, al registrar marcas un 20 por ciento mejores que las que hicieron en el test inicial. Los otros dos grupos, en cambio, no habían experimentado ninguna variación significativa.
Por otra parte, los investigadores hallaron en las personas que habían hecho dieta valores de insulina más bajos y niveles de inflamación también menores.
Los científicos alemanes esperan conseguir con el tiempo más descubrimientos en relación con la insulina, al igual que con el deterioro del sistema inmunológico debido a la edad.
En cualquier caso, según Flöel se trata de la primera investigación en este sentido y deberá completarse con estudios posteriores y con procedimientos de diagnóstico que indaguen sobre las posibles transformaciones de la materia gris del cerebro.
El hallazgo -que certifica además estudios anteriores realizados con animales- se ha publicado en la revista "Proceedings", editada por la "National Academy of Sciences" de Estados Unidos.-

Alzheimer: un poco + de info



Interesante material de la Alzheimer's Association para interiorizarse sobre cómo opera esta enfermedad:

"http://www.alz.org/brain_Spanish/01.asp"

Alzheimer: las 7 etapas

La enfermedad de Alzheimer empeora con el tiempo. Los expertos han definidas unas “etapas” para describir cómo las habilidades de una persona cambian a medida de que avanza la enfermedad.

Es importante recordar que las etapas son guías generales y que los síntomas varían mucho. Cada individuo es único, pero aquí se describe lo que le ocurre a la mayoría. Las personas que padecen del Alzheimer viven un promedio de ocho años después de que sus síntomas hayan empezado a ser notados por otras personas, pero la expectativa de vida varía de solamente tres hasta unos 20 años, dependiendo de la edad y otras condiciones de salud del individuo.












Primera etapa: Ausencia de daño cognitivo
(Función normal)

La persona no experimenta problemas de la memoria y no hay síntomas evidentes a los profesionales médicos durante las entrevistas médicas.

Segunda etapa: Disminución cognitiva muy leve
(Pueden ser los cambios normales provocados por el envejecimiento o pueden ser las primeras señales del Alzheimer)

El individuo nota ciertas fallas de memoria como olvidar palabras conocidas o el lugar donde se colocan objetos de uso diario. Sin embargo, estos problemas no son evidentes durante los exámenes médicos, ni tampoco resultan aparentes para los amigos, familiares o compañeros de trabajo.

Tercera etapa: Disminución cognitiva leve
(La etapa temprana del Alzheimer puede ser diagnosticada en algunos individuos que presentan estos síntomas, pero no en todos)

Los amigos, familiares o compañeros de trabajo comienzan a notar deficiencias. Los problemas de memoria o concentración pueden medirse por medio de una entrevista médica detallada.

Algunas dificultades comunes en la Tercera Etapa son:

  • Dificultad notable de encontrar la palabra o el nombre adecuado
  • Capacidad reducida para recordar nombres al ser presentado a nuevas personas
  • Mayor dificultad notable de desempeñar tareas sociales o laborales
  • Poca retención de lo que uno lee
  • Pérdida o extravío de un objeto
  • Menos capacidad para planificar y organizar

Cuarta etapa: Disminución cognitiva moderada
(Etapa leve o temprana de la enfermedad de Alzheimer)

A este punto, una entrevista médica cuidadosa debería poder detectar deficiencias claras en las siguientes áreas:

  • Falta de memoria de acontecimientos recientes
  • Mayor dificultad en realizar tareas complejas, tales como, planificar una comida para invitados, pagar las cuentas o administrar las finanzas
  • Olvido de la historia personal
  • Estar de humor variable o apartado, sobre todo en situaciones que representan un desafío social o mental

Quinta etapa: Disminución cognitiva moderadamente severa
(Etapa moderada o media de la enfermedad de Alzheimer)

Lagunas de memoria y déficit en la función cognitiva son notables y las personas empiezan a necesitar asistencia con las actividades cotidianas.

En esta etapa, los individuos que padecen del Alzheimer pueden:

  • Ser incapaces de recordar su domicilio actual, su número telefónico o el nombre de la escuela o colegio a que asistieron
  • Confundirse del lugar en que están o el día de la semana
  • Necesitar ayuda para seleccionar una vestimenta adecuada para la época del año o para la ocasión
  • Por lo general, todavía recordar detalles significativos sobre sí mismos y sus familiares
  • Por lo general, todavía no requerir ayuda para alimentarse o utilizar el baño

Sexta Etapa: Disminución cognitiva severa
(Etapa moderadamente severa o media de la enfermedad de Alzheimer)

Los problemas de la memoria siguen agravándose, pueden producirse cambios considerables en la personalidad y los individuos afectados por la enfermedad necesitan considerable ayuda en las actividades de la vida cotidiana.

En esta etapa, el individuo puede:

  • Perder conciencia de las experiencias y hechos recientes y de su entorno
  • Recordar su historia personal con imperfecciones, aunque por lo general recuerda su propio nombre
  • Olvidar ocasionalmente el nombre de su pareja o de la principal persona que lo cuida, pero por lo general puede distinguir las caras conocidas de las desconocidas
  • Requerir ayuda para vestirse en forma apropiada y cuando está sin supervisión, cometer errores tales como ponerse el pijama sobre la ropa o los zapatos en el pie equivocado
  • Sufrir una alteración del ciclo normal del sueño – durmiendo durante el día y volviéndose inquieto durante la noche
  • Requerir ayuda para manejar asuntos vinculados con el uso del baño (por ejemplo: tirando la cadena, limpiándose o deshaciéndose del papel higiénico de forma correcta)
  • Experimentar episodios de incontinencia urinaria o fecal en aumento
  • Experimentar cambios significativos de la personalidad y con el comportamiento, incluyendo recelos y creencias falsas (por ejemplo, creyendo que la persona que lo cuida es un impostor) o conductas repetitivas y compulsivas, tales como retorcer las manos o romper papeles
  • Tener una tendencia a deambular y extraviarse

Séptima etapa: Disminución cognitiva muy severa
Etapa severa o tardía de la enfermedad de Alzheimer

En la última etapa de esta enfermedad los individuos pierden la capacidad de responder a su entorno, de hablar y, eventualmente de controlar sus movimientos. Es posible que todavía pronuncien palabras o frases.

En esta etapa, los individuos necesitan ayuda con la mayoría de su cuidado personal diario, incluyendo comer y hacer sus necesidades. Pueden perder la capacidad de sonreír, sentarse sin apoyo y sostenerse la cabeza. Los reflejos se vuelven anormales y los músculos rígidos. También se ve afectada la capacidad de tragar.

Sobre el sistema de las siete etapas

Las siete etapas se basan en un sistema desarrollado por Barry Reisberg, M.D., director del Centro de Investigación de Demencia y Envejecimiento Silberstein de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York.-

Alzheimer: los 10 síntomas

Al envejecer, la mayoría de la gente eventualmente se da cuenta de que le toma más tiempo en procesar información y que tienen problemas para recordar ciertas cosas. Sin embargo, la pérdida de memoria severa, la confusión y otros cambios mayores en la función de la mente no son una forma normal del envejecimiento.

La pérdida de memoria que dificulta la vida cotidiana no es una forma normal del envejecimiento.

Abajo encontramos una lista de los síntomas más comunes para ayudarle a reconocer la diferencia entre los cambios normales de la memoria relacionados con la edad y los cambios que se atribuyen al mal de Alzheimer.

No hay una línea clara que separa los cambios normales de las señales de advertencia. Es siempre buena idea hablar con un médico si las habilidades de alguien parecen ir en descenso. Un diagnóstico temprano del Alzheimer o de otra enfermedad relacionada con la demencia es un paso importante en recibir tratamiento, cuidado y servicios de apoyo.

  1. Pérdida de memoria. Olvidar información recién aprendida es una de las más comunes señales tempranas de la demencia. Una persona empieza a olvidar con más frecuencia y no puede recordar la información más tarde.

    ¿Qué es normal?
    Olvidarse de nombres o citas de vez en cuando

  2. Dificultad para desempeñar tareas habituales. A una persona con demencia se le hace difícil completar actividades de rutina, como preparar una comida, hacer una llamada telefónica o jugar un juego.

    ¿Qué es normal?
    Ocasionalmente olvidarse de por qué entró a cierta habitación o de qué iba a decir

  3. Problemas de lenguaje. Una persona con Alzheimer olvida palabras simples o sustituye palabras inapropiadas o desconocidas al hablar o escribir, haciéndolo difícil de entender. Es posible que no encuentre su cepillo de dientes, por ejemplo, y en cambio pide “esa cosa para mi boca”.

    ¿Qué es normal?
    A veces tiene dificultad en encontrar la palabra correcta

  4. Desorientación de tiempo y lugar. Una persona con la enfermedad de Alzheimer puede perderse en la misma calle donde vive, no saber dónde está ni cómo llegó allí, y no recuerda como volver a casa.

    ¿Qué es normal?
    Olvidarse del día de la semana o de a dónde iba

  5. Falta del buen juicio. Las personas con Alzheimer pueden vestirse de una forma inapropiada, poniéndose un abrigo en pleno verano, por ejemplo, o poca ropa cuando hace frío. Es posible que no tomen buenas decisiones con respecto a cómo manejar el dinero, regalando grandes cantidades a otros como los que venden productos y servicios por teléfono.

    ¿Qué es normal?
    Tomar una mala decisión de vez en cuando

  6. Dificultades en realizar tareas mentales. Una persona que sufre del Alzheimer puede confundirse fácilmente al pensar en cosas abstractas. Es posible que se olvide completamente del significado de los números o cómo se usan.

    ¿Qué es normal?
    Tener dificultad en balancear la chequera

  7. Colocación de objetos fuera de lugar. Una persona que padece de Alzheimer puede guardar cosas en lugares poco comunes: la plancha en el refrigerador o un reloj en la azucarera.

    ¿Qué es normal?
    Perder las llaves o la billetera temporalmente

  8. Cambios de humor o comportamiento. Una persona con Alzheimer presenta cambios repentinos de humor (de felicidad a enojo, por ejemplo) sin razón aparente.

    ¿Qué es normal?
    Sentirse triste o de humor variable de vez en cuando

  9. Cambios en la personalidad. Las personas con demencia pueden presentar cambios drásticos en la personalidad. Pueden llegar a estar muy confundidas, desconfiadas, temerosas o depender mucho de un miembro de la familia.

    ¿Qué es normal?
    Con la edad, todos presentamos pequeños cambios en la personalidad

  10. Pérdida de iniciativa. Una persona con la enfermedad de Alzheimer puede volverse muy pasiva, sentándose frente a la televisión por horas y horas, durmiéndo más de lo normal, o negándose hacer sus actividades cotidianas.

    ¿Qué es normal?
    A veces cansarse de los quehaceres y las obligaciones sociales o de negocios

Para mayor información sobre cómo el Alzheimer afecta a una persona, visite Si Usted Tiene la Enfermedad de Alzheimer

¿A qué edad se es viejo?

¿A qué edad debe comenzar uno a hablar de la vejez en primera persona?
¿A los 80 como Norberto Bobbio o a los 62 como Cicerón?


Ustedes y yo, dependiendo del humor, (…), del reumatismo o de cualquier otro mal, a veces nos levantamos jóvenes, y otros días nos sentimos irremediablemente viejos. Un trajinado lugar común dice que la edad depende del corazón, es la idea de los cardiólogos y de los psicólogos caseros. Una es la vejez que nos sentencia el Seguro Social, hay otra que nos diagnostican los médicos, distinta de la que padecen los de casa y otra la que uno ve en el espejo.
Hay muy poca distancia en el tiempo, entre el momento en que nos dicen “ancianos venerables” y el otro en que se susurra a nuestro paso, “esos vejestorios.” De mí sé decir que a veces se me olvida mi edad, de tan ocupado que me mantengo, pero que hace años vengo reclamando la dignidad de viejo, y a los renuentes e incrédulos les muestro con cínico orgullo mi cédula, aunque al bajar las escaleras lo hago mirando escalón tras escalón. Me indignan todas esas propagandas comerciales y toda esa literatura mercantil sobre viejos juveniles conservados por productos para atletas, o los reinados de belleza para damas otoñales. Todo eso me parece una indigna manera de dorar la píldora.
La vejez es algo más serio y complejo que eso y nuestro problema no se resuelve con recreacionistas, ni con dietas, ni con viejotecas. La vejez es un profundo asunto de la mente y de los ojos con que acostumbramos a mirarnos.
Hay una mirada pasiva y de resignación del viejo, convertido en un testigo triste, mudo e impotente de su derrumbamiento y de la demolición del mundo de los que le rodean.
Un pariente lejano me repite en cada encuentro, que se siente feliz de ser pensionado porque disfruta del dulce hacer nada. Es otra manera de ver la vejez: como una sosegada inutilidad, o como esa etapa de la vida en que uno se margina y aleja como desquite de los años de trajín y de fatigas. A sus 80 años Norberto Bobbio señalaba como quehacer propicio del viejo, el de rememorar los años perdidos de la infancia y de la juventud, el de reencontrar a los muertos con quienes se descubrió la vida.
A esa peculiar y común mirada sobre la vejez se debe que entre los atenienses el viejo apenas si tuviera autoridad. El dramaturgo Eurípides decía que “el viejo no es más que una voz y una sombra”. Y Sófocles trazaba su imagen del viejo en Edipo, un anciano canoso que nos es más que “un fantasma surgido de la nada, un sueño alado.”
Menos cruel, pero igualmente descalificador es Pericles, el orador ateniense cuando se dirige a los viejos: “vuestra gracia es haber vivido dichosos la mayor parte de vuestra vida; pero en esta época, inútil para todo, ayuda mucho recibir honores.”
Es el momento en que acaba un ciclo, es una última fase representada como decadencia, degeneración y parábola descendente, admite Bobbio.
Antiguos y modernos han participado de esa deprimente mirada, la misma que se adivina en la reacción alarmada con que se han recibido las estadísticas demográficas que muestran como una amenaza del hecho del envejecimiento poblacional, como si un inesperado invierno o edad de hielo se fuera a precipitar sobre el mundo.
Esa sorpresa, cercana al pánico se puede leer como un generalizado desconcierto ante la repentina insurgencia de una numerosa población inútil: ¿qué hacer con tanto viejo en nuestras pirámides poblacionales?
La vejez se ve así. Como amenaza, como inutilidad, como un inmerecido invierno de la humanidad.
Pero hay otra mirada sobre la vejez, tan diferente de la anterior, que parece contemplar otra realidad. Es, sin embargo, la misma, solo que vista desde otro ángulo. Cicerón ve al viejo como el hombre del timón.
Mientras los marineros van y vienen, suben y bajan entre palos, velas y mástiles en un despliegue de agilidad y de energía, el piloto silencioso y atento, señala el rumbo y descubre caminos en el agua, anticipa los vientos y las tempestades que vendrán. Y sentencia el orador romano: “no se administran los asuntos graves con la fuerza, prontitud o movimientos acelerados del cuerpo, sino con autoridad, prudencia y consejo, prendas que no solo no se pierden en la vejez sino que suelen concentrarse y perfeccionarse en ella.” Estas calidades se aprecian en todo su valor, durante las crisis. De nuevo la metáfora de Cicerón resulta esclarecedora; también podría tomarse de los relatos marinos de Jack London, en donde los viejos lobos de mar irradian fuerza y seguridad entre el bamboleo y el crujido de la nave zarandeada por la tempestad. Mientras la marinería, sobrecogida y fuera de sí solo espera el momento del naufragio, el viejo piloto es el único que sabe que puede haber una salida, que tiene que haber una salida. Y lo sabe porque ha sorteado tempestades, porque la vida le ha enseñado a esperar contra toda esperanza. Eso es el viejo, alguien que ha sorteado dificultades, riesgos, agonías y oscuridades y cada vez ha encontrado luz al final del túnel.
Esto lo convierte en testigo convincente de la esperanza.
Para el mundo de hoy, para los propios viejos actuales es difícil verlo así. Cicerón no necesitó mucho esfuerzo para mostrar esta dimensión del viejo, quizás porque no le daba la importancia negativa que hoy se les da a las limitaciones y debilidad física del viejo. Así como al caminar arrastramos los pies y examinamos acuciosos las irregularidades del suelo, es igualmente cierto que la vejez enseña a apresurarse lentamente.
Esa sabiduría lenta pero segura es el rezago que le ha quedado del alucinante espectáculo que todo viejo ha contemplado de ascensos y caídas, avances y retrocesos, errores y aciertos, triunfos y derrotas de los seres humanos.
En él se concentra el patrimonio cultural de la comunidad en lo que se refiere a costumbres, técnicas de supervivencia y sensibilidad ética.
Se agrega, en muchos casos el sentido de responsabilidad del sobreviviente. Uno que salió vivo del campo de concentración de Auschwitz, Primo Levi, vivió abrumado por la misma pregunta que a veces se hace el viejo: ¿por qué ellos no sobrevivieron y yo sí? El viejo asiste silencioso a ese silencioso desfile de sus coetáneos, compañeros de colegio o de universidad, colegas de profesión, amigos encontrados en el trabajo, parientes y amigos que mueren y lo dejan intacto, como un privilegiado a quien la muerte no afecta. ¿Por qué ellos sí y yo no? Pregunta que da lugar a otra más grave porque implica una conciencia de deudor con la vida. Si sobreviví es por algo, ¿qué espera la vida de mí?
Vuelvo a Cicerón para quien este complejo de deudor de la vida no fue extraño. El citaba a Pitágoras cuando enseñaba que los viejos no han de querer abandonar la vida sin justo motivo, porque ninguno sin orden del general se ha de apartar de la guardia y del puesto de la vida”. En esto consiste la deuda, no tanto en haber sobrevivido a un campo de concentración, a un secuestro, a una enfermedad, sino en haber vivido. La vida es un regalo del que hay que rendir cuentas, no como quien comparece temblorosa ante un contralor, sino como quien disfruta la alegría de compartir.
En la imagen trazada por Cicerón aparece el encanecido piloto que en el timón comparte su experiencia de navegante formado en incontables aventuras de mar; pero no es esto solamente. A la experiencia de haber vivido se le agrega la fuerza tranquila de la serenidad. Mientras los demás temen, él mantiene el control de su alma; cuando los demás parecen naufragar en un mar de dudas e incertidumbres, él sabe muy buen dónde está la fuente de sus seguridades; cuando a su alrededor todos miran y se expresan con angustia, él está sereno. La serenidad del viejo está hecha de la seguridad que le da saber que siempre hay una solución posible y a eso se le da el nombre de esperanza.
Al reflexionar sobre su condición de viejo, Ernesto Sábato se sorprende porque para él es un hallazgo saber que “tengo una esperanza demencial ligada paradójicamente a nuestra actual pobreza existencial. Siento que la gran pesadilla pasó y que hemos comprendido que el hombre sobrevive sólo por la esperanza.”
Al viejo le está reservada en nuestro tiempo una misión que visualiza la metáfora del hombre del faro, responsable de mantener encendida aquella luz, sobre todo en las noches de niebla y en las de tormenta. Esa luz es cuestión de vida o muerte para los navegantes que luchan por sobrevivir. El viejo tiene con la vida una deuda: mantener encendida la esperanza. Los años vividos, las tormentas vencidas, las dudas despejadas las resurrecciones y los renacimientos, son el aceite con que se alimenta esa lámpara que, encendida, es una alegre notificación de que hay una luz en las orillas de la oscuridad.
La esperanza, amigos, es tan necesaria, quizás más, que el alimento o el agua para sobrevivir. Vuelvo a la situación límite de los campos de concentración en donde se demostró, recuerda Germán Arciniegas, que “los que no tuvieron esperanza de que sobrevivirían y regresarían a sus casas, esos murieron.”
Una escritora italiana, Sandra Petrignani, reunió en un libro amargo, los testimonios de viejos que querían morir y que se rebelaban contra la vida. Bobbio repasa esos testimonios y comenta finalmente: carecían de esperanza.
La esperanza la necesitamos para vivir, pero aún más importante: sin la esperanza la sociedad no puede vivir, y ese es el aporte que el viejo puede darle. Hay, desde luego, dos extremos posibles en la vejez: aquél del viejo egoístamente satisfecho, y en el lado opuesto, el del hombre que flota en océanos de amargura. Entre esas dos viciosas posiciones está la de la vejez vital, que comunica esperanza con su serena alegría de vivir.
Todas estas reflexiones han sido necesarias como preámbulo para esta afirmación que contradice los lugares comunes sobre el tema: es tarea esencial del viejo mantener encendida la esperanza. Y si algo se le puede desear al viejo es que sea recordado por su actitud y sus acciones de entusiasmo por la vida.
Ese entusiasmo es el que resulta de la vocación consciente a la inmortalidad. Admito que esto suena a paradoja, pero es una paradoja grave. Como si se tratara de crear un equilibrio, es frecuente en el ser humano la pretensión de construir su inmortalidad cuando es inocultable la cercanía de la muerte.
Ya he citado pensamientos de Norberto Bobbio, el respetado profesor italiano. Aún debo tomarle prestado otro: “quien ha llegado a mi edad, dice, debería alentar un solo deseo, descansar en paz. Toma en serio la muerte quien toma en serio la vida. Tomar en serio la vida significa aceptar su finitud.” Como Bobbio, Ernesto Sábato mira la muerte con una mezcla de pasividad y de pavor: “no bien me descuido, ya estoy pensando en la muerte. Miro el cuarto alrededor para ver por cuál de las puertas entrará.”
Se adivina otra actitud en Cicerón cuando reflexiona que la muerte es despreciable si extingue el alma, y deseable si conduce al lugar donde ha de ser eterna.” Pensamiento que parece desarrollar el de Pitágoras: “no creo que ha de llorarse la muerte a la que sigue la inmortalidad.”
En efecto, las sombras de la vejez parecen desaparecer, y este último tramo de la vida se ilumina, cuando se llega a la certidumbre de la inmortalidad. A pesar de su pesimismo, de repente Bobbio exclama: “a veces tengo la sensación de sobrevivirme.” Pero en otros momentos lo abruma la idea de la muerte próxima y anota:”la dimensión del viejo es el pasado, el futuro no, porque es breve e importa poco.”
Alternan en el ánimo del viejo, como luces y sombras, la idea de la muerte y la ilusión de la inmortalidad. Tan leve como un sueño o como una nube, la idea de la inmortalidad motiva sin embargo muchas acciones durante la vejez. El abuelo se sorprende llevando a cabo tareas que se parecen a las del agricultor cuando prepara la tierra, la despercude y la abona para sembrar la semilla. Algo parecido se hace en la memoria de los demás, para sembrarla de recuerdos, que son las semillas de la inmortalidad. Uno no siempre lo sabe, pero muchas acciones están inspiradas en ese propósito: que me recuerden siempre, que me recuerden bien, que nunca me olviden. No se le tema tanto a la muerte, como al olvido o al mal recuerdo. Actividad importante de los últimos años es, pues, cultivar las eras de la inmortalidad.
En la vida de los humanos hay un tiempo para el amor, y otro para el poder; hay tiempos para la belleza y los hay para la salud; incluso hay tiempos para el dinero y el esplendor, otros traen consigo avidez de honores; pero en los últimos años, cuando todo palidece, son los tiempos para la inmortalidad.
En esas andaba Cicerón cuando recordaba la frase de su amigo Enio. El la hacía suya porque le calzaba tan bien como una túnica bien cortada. Repetía por eso: “nadie en mi muerte me honre con sus lloros, que me mantendré vivo en la boca de los hombres”.
Es un pensamiento que nos cae bien a los viejos porque es una eficaz manera de equilibrar en la mente y en la sensibilidad la certeza de la muerte cercana con la búsqueda de la inmortalidad.
Recientemente por la ventana de las noticias le entró al mundo un aire de inmortalidad cuando por las calles de El Cairo desfiló la monumental estatua de Ramsés II. Se paralizó el tráfico de la bulliciosa capital egipcia, como en los tiempos en que el faraón rodeado de su séquito de cortesanos rodaba en su carroza imperial. Casi 3300 años después su presencia provocó un respeto y una admiración semejantes a los que entonces le rodeaban. Treinta y tres siglos no habían sido suficientes para borrar su memoria. Hay una presencia en el tiempo, como la que uno asocia a las pirámides, a los monumentos funerarios, como la que se siente al leer inscripciones en la piedra o en el bronce con las voces congeladas en el tiempo que transmiten el pensamiento y la sensibilidad de personajes del pasado; todas ellas son expresiones de la vocación a la inmortalidad que alienta en los seres humanos. En la academia francesa les dan el nombre de inmortales a los grandes de las letras, pero no son solo ellos. El escritor acude al texto escrito para que sus palabras, sus ideas, sus sentimientos e imágenes se libren de la corrosión del tiempo y permanezcan.
Esa, con todo no es la única permanencia posible. Cuando las acciones del viejo se graban en la memoria de los demás, cuando sus palabras, sus actitudes, sus gestos dejan sus trazos en la memoria ajena, estamos asistiendo a una forma de permanencia tan indeleble e inmortal como la de las letras grabadas en la piedra o en el bronce.
La inmortalidad de que hablo es una forma de permanencia en la memoria, de la que era un símbolo la bendición que impartían los patriarcas bíblicos, para que el bendecido entrara en un tiempo sin límites; no se trata, por supuesto, de la ilimitada longevidad, ni de la supervivencia en los descendientes, sino de la presencia en la memoria a través de un tiempo sin límites.
La de la inmortalidad es, pues, una vocación humana, pero no lo es de todos los humanos. Esta es una persuasión tan vieja que Heráclito la consignaba en términos severos: “solo los mejores, los que han demostrado su excelencia, prefieren la fama inmortal a las cosas mortales; esos son verdaderamente humanos. Los otros, los que viven para lo inmediato, esos viven y mueren como los animales.” De modo que según el filósofo, hay una renuncia a la dignidad de lo humano, cuando e vive sin la ambición de la inmortalidad.
Esa ambición moviliza lo mejor de las personas. Una filósofa de nuestro tiempo, mujer y vieja, Hannah Arendt, escribía que la potencial grandeza de los mortales radica en su habilidad de producir cosas que merezcan y sean imperecederas.” Y agregaba: “por su capacidad para realizar actos inmortales, por su habilidad en dejar huellas imborrables, los hombres a pesar de su mortalidad, alcanzan su propia inmortalidad.”
Quedaría incompleta esta reflexión si no le dedicara estos minutos finales a la ortografía de esa escritura de la inmortalidad, porque podría entenderse que sólo viven ese tiempo sin límite las grandes acciones, de tono brillante y heroico. Que no es lo que encontramos escrito en nuestra memoria cuando evocamos a los viejos que ya murieron y que sin embargo ahí están con una presencia imborrable. Allí aparecen la madre o la abuela, inclinadas sobre una máquina de coser, concentradas en los arabescos de un bordado, o en la tarea diaria de lavar, aplanchar o remendar la ropa o de preparar los alimentos; allí están los padres o los abuelos, aserrando maderas, o cepillándolas entre nubes de fragante viruta, o sudorosos y tensos cultivando la tierra; son presencias vivas que se quedaron grabadas con sus trabajos diarios porque en ellos había mucho más que la utilidad inmediata de coser, bordar, cocinar, aserrar, martillar o sembrar. Acciones nobles, pero fáciles de olvidar si no hubieran tenido el carácter que las hace indelebles. Que fue el que descubrió ese viejo ochentón que es Ernesto Sábato cuando visitó en Lanzarote a otro viejo, el escritor José Saramago y lo conmovieron dos detalles.
Halló que en aquella casa los relojes se habían quedado varados en las cuatro de la tarde, como si a esa hora se hubiera detenido el tiempo. Cuando Sábato preguntó por aquel extraño detalle escuchó una respuesta con musicalidad de bolero: porque fue la hora en que José y Pilar, su esposa, se conocieron. Desde entonces el tiempo para ellos ha sido algo distinto. Paralizar los relojes significaba que en adelante ellos le darían otra medida al movimiento de sus vidas. No suprimieron el tiempo, que eso es la eternidad, la desaparición del tiempo; el suyo sería ese tiempo sin límites de la inmortalidad.
El otro detalle lo encontró en los papeles que José tenía a la vista en su escritorio. Sábato fue leyendo en uno de ellos, destacado como algo especial: “yo escribo, Pilar escribe, traduce, habla a la radio, cuida el mundo, cuida la casa, cuida la calle, hace las compras, hace la comida, ve por la ropa, despacha las cartas, dialoga con el mundo, organiza el tiempo, acoge a los amigos que llegan a vernos, y escribe, traduce, habla a la radio, cuida al marido, la casa, la cocina, la ropa y dice, estoy cansada, y luego: no tiene importancia, yo escribo, traduzco…”
Y siguen todos esos verbos caseros en donde resuena la actividad incansable de las esposas y las madres que así, sin acciones brillantes o heroicas, con el quehacer gris de todos los días labran una huella imborrable en la memoria y se quedan allí como un rastro indeleble y luminoso. Es su manera de hacerse inmortales.
Son, pues, dos propuestas para la vejez. Convertirse en guardianes y en estímulo para la esperanza y, como el escultor que extrae del mármol el milagro de una estatua, labrar con el material de los años de la vejez el prodigio de la inmortalidad. Son dos tareas tan cargadas de esplendor, que son suficientes para disipar las sombras y para darle a la vejez toda la serena luminosidad de un majestuoso atardecer.- Javier Darío Restrepo